Capítulo XIV
El primer round en la arena
La sesión del Concejo comenzaba con la calma tensa de siempre. Los veteranos parecían más interesados en discutir nombres de calles que en atender las quejas reales. Pero esa tarde, Arcadio tenía un plan.
Mientras él preparaba su intervención con un cigarrillo apagado en los labios, Leandro esperaba afuera, en el pasillo, con su celular y una carpeta de notas. Era el vocero informal del equipo: hablaba con periodistas, respondía preguntas, y tejía la imagen pública que el concejal necesitaba.
Cuando Arcadio tomó la palabra, fue como un rayo en la tormenta. Desarmó argumentos con ironía y hechos, mezcló anécdotas del barrio Los Cipreses con datos que nadie esperaba. Los concejales se quedaron mudos. Los titulares ya anticipaban el revuelo.
En paralelo, Leandro atendía llamados, daba entrevistas y escribía columnas que cuestionaban a la vieja política local. Su voz, joven y clara, se volvía un eco del discurso visceral de Arcadio.
Los opositores lo miraban con desdén, pero la opinión pública ya empezaba a posicionarse con ese dúo que no encajaba en el sistema.
Al cierre de la jornada, Arcadio y Leandro se encontraron en la puerta del Concejo.
—Buen trabajo afuera —dijo Arcadio, con una sonrisa ladeada.
—Estamos recién empezando —respondió Leandro, mientras guardaba su carpeta—. Pero siento que podemos cambiar algo.
Arcadio le dio una palmada en la espalda.
—Si logramos que se escuche una voz diferente, ya ganamos la mitad de la batalla.
Continuará…

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